Lo más sorprendente es que el 99 % de ellos se repiten día a día.
Es decir, son pensamientos rutinarios, repetitivos, sobre los cuales no profundizamos. Arriesgaría diciendo que la mayoría de nosotros repetimos los mismos pensamientos. Estos son los relacionados con nuestras rutinas, por ejemplo despertarnos, comer, etc. Para más datos, la mayoría de nuestros pensamientos son negativos.
Fuera de esto, resulta que nos quedan pocos pensamientos positivos y que no los realizamos rutinariamente, sino que son esporádicos. No diría que originales, ya que todo lo que pensamos se basa en algo que hayamos conocido previamente. Lo que nosotros hacemos con esto es, realizar nuevos análisis que nos permita sintetizar estos pensamientos en nuevas ideas.
Muchas veces, no hacemos nada de esto y simplemente incorporamos y después repetimos conjuntos de ideas sin analizarlas, simplemente porque nos resulta más sencillo. Esto no está mal, ya que no tiene sentido realizar un análisis sobre las formas de lavarme los dientes por la mañana cada día de mi vida; si lo hiciera, llegaría más tarde de lo que llego al colegio cuando llevo a mis hijos.
El problema se presenta cuando hacemos esto mismo con temas más sensibles a nuestros intereses y valores.
La idea de comenzar a escribir estas líneas, es ni más ni menos que tratar de pensar en voz alta, dejando registro por escrito, de algunos pensamientos, de los no rutinarios, que me hagan ruido y generen interés en darles unas vueltas por mi cabeza.
La idea de compartirlo, es el interés que tengo en que a partir de alguna idea, se disparen comentarios que enriquezcan el tema. Es muy sencillo respetar al que piensa igual que uno, lo interesante es respetar al que piensa distinto. Este respeto no es simplemente una declamación, significa para mi, analizar lo que piensa el otro y ver si este pensamiento, expresa mejor que el mío (en todo o en parte) el tema en cuestión.
Esto no es otra cosa que intentar ser mejor de lo que soy ahora.
Uno supone que piensa bien, simplemente por el hecho de tener la capacidad de hacerlo.
Jamás a nadie se le ocurriría decir que es un buen carpintero, simplemente porque un fin de semana al año se dedica a armar una mesa ratona para su casa.
Con el pensamiento reflexivo pasa lo mismo, si no lo ejercitamos, si no nos dedicamos tiempo a pensar, no seremos buenos pensadores.
Para repetir un eslogan, está la publicidad.

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